El ser humano siente una curiosidad innata que le impulsa a preguntarse cómo es el mundo que no puede conocer por los sentidos, o qué hay más allá de lo que alcanzan a ver sus ojos, tanto hacia lo más grande como hacia lo más pequeño. Sabemos que las distancias y tamaños en el universo son tan grandes que superan nuestra capacidad de comprenderlos, y así, una noche estrellada nos empequeñece. Curiosamente, en el extremo opuesto, pensar en lo más pequeño no nos hace sentirnos grandes.