Muchas de las familias adineradas de indianos que regresaron a España en el XVII y XVIII se traían como recuerdo de
su vida colonial un loro, al que alimentaban con chocolate. Cuando alguna de ellas tenía problemas económicos guardaba las apariencias ofreciendo chocolate a los invitados, pero suprimendo la ración del loro. Esto suponía un ahorro mínimo que no paliaba la dramática situación. La RAE define esta expresión como “ahorro insignificante en relación con la economía que se busca”